Fracking, herramienta de cuidado

 Carlos Vargas del Departamento de Geociencias señala que con un estricto control ambiental se puede ampliar el mercado internacional en la explotación de hidrocarburos.trabajadores-de-pemex frackin

 

En el artículo de análisis publicado en la reciente edición de UN Periódico, el profesor Carlos Vargas, del Departamento de Geociencias de la Universidad Nacional, argumenta que es importante estudiar los principales puntos de controversia en torno al uso del fracking en la explotación de hidrocarburos, asimismo que puede ser bueno o malo, dependiendo de quién lo aplique, cómo y dónde señalando que advierte que esta técnica puede ser aprovechada para ampliar el mercado internacional, aunque con un estricto control técnico en el aspecto ambiental.

De acuerdo con el experto, el fracking o fracturamiento hidráulico es una operación que optimiza la conductividad de fluidos en cierto tipo de rocas conocidas como shales, las cuales se encuentran sepultadas a varios kilómetros de profundidad, para facilitar la movilidad de hidrocarburos líquidos o gaseosos.
El proceso ha estado en un candente debate en el mundo, incluido países como Colombia, debido a potenciales amenazas sobre el entorno ambiental.
El tema es semejante a un tratamiento médico: para algunos, los efectos secundarios pueden ser aceptables, pues mejoran su calidad de vida, mientras que para otros, el riesgo es inaceptable. De esta manera los diferentes aspectos que convergen en la controversia deben ser abordados de forma objetiva por el Gobierno Nacional, con el fin de decidir su aplicación y evitar discusiones adversas al desarrollo de la Nación.

Mercado y coherencia ambiental

La incorporación de nuevas reservas que apalanquen el marco fiscal a mediano y largo plazo, y que aseguren el autoabastecimiento son las principales preocupaciones del Gobierno ante la ausencia de descubrimientos relevantes en los últimos años y frente al estímulo dado al consumo y exportación de gas domiciliario, vehicular, comercial e industrial.

A lo largo del Valle del Magdalena, la Cordillera Oriental, el Catatumbo y Cesar, e incluso Ranchería podrían desarrollarse recursos potenciales de hasta 4.500 millones de barriles con este tipo de herramienta, que sustentaría consumos para escenarios altos y un crecimiento sostenido de aproximadamente el 5 %, en al menos los próximos 25 años. Se trata de recursos nada despreciables si Colombia busca consolidar su economía y una vocación exportadora de energía.
En cuanto al manejo ambiental, el país plantea un claro contraste de consumo de combustibles fósiles y carbón, respecto a países como China, Estados Unidos e India, para sostener el crecimiento económico.

Ahora, una nueva presión internacional para reducir las emisiones contaminantes acusa tanto a consumidores como a productores. Escasas termoeléctricas y consumos industriales marginales de carbón representan poco en la problemática de emisiones por parte de Colombia.

Pero el impacto de lo exportado trasciende temas de contaminación y salud pública en otros sitios del planeta. Con un exigente control técnico se podrían explotar los recursos no convencionales evitando fugas de gases livianos, uno de los principales argumentos de los detractores del fracking.

Garantías para la tierra y el agua

Quienes cuestionan la técnica aseguran que requiere de recursos hídricos que podrían ser utilizados para otros fines y que, además, contamina las fuentes con químicos riesgosos para la salud.

Tales juicios podrían alejarse de la realidad, pues una vez transitada la etapa inicial de la operación se genera un contraflujo de agua superior al inyectado inicialmente, debido a un proceso de desadsorción por el cual se libera gas y agua a la vez.

El recurso hídrico resultante debe llevarse a piscinas de tratamiento para su posterior uso. Así, una adecuada ingeniería puede garantizar suficiente agua para viabilizar programas productivos en la zona de influencia.

Respecto a los químicos contaminantes, diluidos en más del 99,5 % del volumen inyectado, se trata de ácidos ligeros, bióxidos, inhibidores, reductores de fricción y surfactantes que evitan la degradación de los canales por los que circula el hidrocarburo.

En los incidentes reportados (por ejemplo en la revista Nature del 15 de septiembre de 2011), este tipo de compuestos no aparecen, lo que reafirma el rol de filtro natural que desempeñan las rocas, desde el yacimiento hasta la superficie. Solo surgió gas metano en los casos donde se evidenciaron malas prácticas en procesos de cementado y sellado de pozos.

En el debate también se argumenta que los procesos productivos agrícolas, ganaderos e industriales en superficie pueden verse interferidos con estas operaciones. Este es un elemento de permanente conflicto en otros países, que debe evitarse con una adecuada planeación de operaciones.

Será deber del Gobierno Nacional actualizar constantemente la reglamentación y generar el máximo control para disuadir potenciales confrontaciones entre operadores y comunidades. También debe mantener la vocación agrícola en las zonas con operaciones extensivas de fracking.

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